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Guardar los accesorios para que de verdad te los pongas

La razón por la que casi todos tus accesorios no se usan no es el gusto. Es que no los ves en el momento en que te estás vistiendo.

Pregunta a cualquiera cuáles de sus accesorios se pone de verdad y será una fracción pequeña de lo que tiene. La explicación habitual es que el resto fueron errores. Normalmente no lo fueron: simplemente son invisibles en la ventana de treinta segundos de la mañana en la que se toma la decisión.

La visibilidad es todo el problema. Cualquier cosa en una caja, en un cajón, dentro de una bolsa dentro de otra bolsa, o detrás de otra cosa, no existe. No es un fallo de disciplina; es cómo funciona vestirse cuando ya vas tarde. El cambio con más retorno que alguien puede hacer en su colección de accesorios no es comprar distinto, es poner lo que ya tiene donde pueda verlo en el momento de elegir.

Cómo se traduce eso en la práctica. Joyería en una barra de pared, un juego de ganchos o una bandeja abierta a la altura de los ojos cerca de donde te vistes, no en una caja en una balda. Pañuelos colgados sobre una barra o una percha de pantalones en lugar de doblados en un cajón, donde solo se ve el de arriba. Bolsos de pie en una balda donde se puedan leer sus formas, no metidos unos dentro de otros, que es la forma más común de guardar bolsos y garantiza que solo uses el de fuera.

La tensión con cuidarlos. Todo lo anterior choca hasta cierto punto con el consejo de guardar las cosas protegidas, a oscuras y separadas. La seda se decolora al sol; la piel se agrieta con el calor seco; el metal chapado se oxida más rápido al aire. Esa tensión es real y se resuelve dividiendo: el ochenta por ciento de diario vive a la vista donde lo vas a usar, y el número pequeño de piezas genuinamente valiosas o genuinamente frágiles vive bien guardado. Tratarlo todo como valioso es lo que mete todo en el cajón.

Tres detalles concretos que resuelven casi todo.

Los collares se enredan, y desenredar es exactamente la fricción que impide que te los pongas. Cuelga cada uno por separado, o pasa el cierre por dentro de una pajita o un tubo similar. Cualquier cosa es mejor que una caja compartida.

Los pendientes pierden pareja. Una sola bandeja con divisiones, o un trozo de cartón con agujeros, mantiene las parejas juntas y —más útil aún— te deja ver la colección entera de una vez.

Los bolsos pierden la forma y entonces ya no se eligen. Rellénalos un poco, ponlos de pie, y si tienes que apilarlos, mete un paño suave entre ellos.

La auditoría que merece hacerse una vez. Sácalo todo, y vuelve a poner en los sitios visibles solo lo que te hayas puesto en el último año. Lo que no llegue no es necesariamente para tirar, pero debería vivir en otro sitio, para que deje de tapar las cosas que sí coges. Casi todo el mundo descubre que la colección que usa se duplica más o menos, sin comprar nada.

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