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Llega el abrigo, y tres cosas que comprar antes que el frío

Octubre es cuando rebajan los buenos abrigos y el tiempo deja de negociar. Hay tres accesorios que decide el abrigo, así que cómpralos con él y no después.

Escrito un domingo, mirando la semana que viene. La semana pasada dijimos que octubre iría de abrigos, y la razón de que esto encaje en una columna de accesorios es sencilla: en cuanto llevas abrigo, el abrigo decide casi todos tus accesorios por ti. Su cuello decide el pañuelo. Su volumen decide el cinturón. Su capucha, si la tiene, decide el gorro.

Así que las tres cosas que merece la pena comprar ahora, mientras todavía puedes probarlas contra el propio abrigo, son un cinturón que le dé la vuelta, un pañuelo que vaya con su cuello y un gorro que funcione con él. Cómpralos después de la primera semana de frío y estarás eligiendo entre lo que queda, y con prisa.

La nota de siempre: esto es medir y materiales, no cobertura de tendencias, y no toma prestada la autoridad de nuestras páginas de tendencias. Todos los números de abajo puedes comprobarlos con una cinta métrica y el abrigo puesto.

Un cinturón que de verdad dé la vuelta al abrigo

Ceñir un abrigo es lo más eficaz que puedes hacerle a una silueta de invierno pesada, y casi ningún cinturón que ya tengas es lo bastante largo para hacerlo. Un cinturón que te queda bien sobre una camisa se queda varios centímetros corto sobre un abrigo de lana y un jersey. Mídete la cintura con el abrigo puesto y abrochado y compra a esa medida: el largo de un cinturón se indica de la hebilla al agujero central, así que ahí es donde debe caer tu medida. Un cinturón ancho, de unos cuatro centímetros o más, guarda proporción con un abrigo; uno estrecho de pantalón parece un cordel.

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Que el cuello elija el pañuelo

Los abrigos traen tres tipos de cuello y cada uno pide algo distinto. Una solapa con muesca deja una V de espacio abierto, que es justo donde queda bien un pañuelo plano o un pañuelito anudado. Un cuello chimenea o mao ya tapa el cuello, así que una bufanda gruesa encima solo añade un segundo cuello: mejor un triángulo pequeño atado por dentro, o nada. Un abrigo sin cuello es el que de verdad necesita una bufanda grande enrollada, porque si no el cuello es la parte más fría y más vacía del conjunto. Mira primero el abrigo y luego compra el pañuelo.

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Un gorro que vaya con el abrigo, no en su contra

Si el abrigo tiene capucha, un sombrero de ala ancha no tiene sentido: nunca vas a llevar las dos cosas a la vez, y los días de lluvia en que de verdad quieres cubrirte querrás la capucha. Un gorro ceñido o una gorra newsboy caben bajo la capucha y aguantan que ella los empuje. Si el abrigo no tiene capucha tienes más libertad, pero un gorro pequeño sigue ganando en lo práctico: se mete en un bolsillo cuando estás dentro, cosa que un ala nunca hará. Mídete la cabeza por encima de las orejas y compra a esa medida; un gorro ceñido casi no tiene tolerancia.

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El problema del asa del que nadie te avisa

Un bolso de hombro que se apoya perfecto sobre una camiseta se comporta de otra forma sobre un abrigo. Los abrigos lisos —nailon, piel, acabado encerado— dejan que el asa resbale del hombro cada pocos minutos; la lana y los tejidos con textura la sujetan. Y un asa de bandolera que en verano cae bien se te subirá bajo el brazo sobre un abrigo grueso, porque el abrigo añade varios centímetros a tu contorno de pecho. Si compras un bolso de invierno, comprueba que la caída máxima del asa tenga al menos cinco centímetros de margen sobre lo que usas ahora.

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Tu abrigo decide tu metal

La pieza de metal más grande que llevan casi todas las mujeres en invierno no es una joya: son los botones, la hebilla o la cremallera del abrigo. Está justo en el centro de cada conjunto, así que decide en silencio si la joyería dorada o la plateada se ve intencionada. Los botones de asta y los oscuros son neutros y van con todo. Unos herrajes dorados brillantes piden joyería dorada o un choque muy deliberado. Si mezclas metales a propósito, perfecto, pero si alguna vez te has preguntado por qué un collar queda raro en invierno y bien en verano, mira los botones.

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La semana que viene: la primera semana de octubre, y por qué el accesorio de invierno que más se lleva es el que nadie fotografía.