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Presentar: vestirse para una sala que te está mirando

A diferencia de una entrevista, aquí quieres que te recuerden. Las restricciones son de movimiento y de ruido.

Se construye sobre: Lo que llevarías normalmente al trabajo, un punto por encima.

Presentar es lo contrario de entrevistarse. En una entrevista los accesorios deben dejar de generar información; cuando presentas, ser visualmente memorable es parte del trabajo, y la sala te está mirando durante veinte minutos te guste o no.

Eso argumenta a favor de una cosa distintiva, llevada de forma consistente. Las ponentes reconocibles suelen tener algo —siempre rojo, siempre una silueta concreta, siempre pendientes grandes— y funciona como funciona un logotipo. Además convierte el vestirse una mañana de mucho en juego en un problema ya resuelto en lugar de en una decisión.

Las restricciones físicas son concretas y tienen que ver sobre todo con tus manos y con un micrófono. Las pulseras contra un atril se amplifican. Un micro de solapa recoge un collar golpeando contra él, cosa que enloquece a la sala y es inaudible para ti. Cualquier cosa en la muñeca de tu mano dominante estará en cada gesto que hagas, lo que puede estar bien a propósito, pero no por accidente.

Un brazalete es la mejor pieza para esto. Tiene cuerpo suficiente para leerse desde el fondo de la sala, se queda quieto en lugar de deslizarse, no hace ruido, y en un brazo que gesticula es genuinamente llamativo. Si te llevas una sola cosa de esta página, que sea que un brazalete ancho gana a una pila de pulseras en todo lo que importa aquí.

Los pendientes deben verse de perfil, porque vas a girarte hacia una pantalla. Los de botón desaparecen en ese ángulo; algo con una caída pequeña, no.

Dos cosas que comprobar antes de levantarte: bolsillos, para un pasador o una petaca de micro, que mucha sastrería de mujer no tiene, y si tu conjunto tiene dónde enganchar una petaca, que es el detalle que nadie menciona hasta que te la están poniendo dos minutos antes.

Las piezas